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¿Qué hacer cuando un hijo miente?

«Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa», Alfred Adler

En los últimos años se ha visto un incremento de los alumnos que están dispuestos a mentir, a copiar, a plagiar partes de textos para aprobar un examen. Christina Hoff Sommers Profesora Asociada de Filosofía, Universidad Clark, en su artículo “Enseñando las Virtudes”, cita una encuesta aparecida en el Boston Globe. En ella, y al ser consultados sobre el tema, el 75% de los estudiantes de nivel secundario admitieron haberse copiado, al igual que el 50% de los estudiantes universitarios encuestados. La misma autora cita otra encuesta, realizada por los diarios U.S. News y el World Report que preguntaba a estudiantes universitarios si robarían a un empleador, y el 34% respondió afirmativamente, cuando esta misma pregunta se hizo a mayores de 45 años, solamente el 6% respondió de forma afirmativa.

Si nos preguntamos qué es la veracidad, qué a honestidad, podemos buscar pistas en los estudios de Michel Foucault sobre la parrhesía.

Foucault va a decir que, en la antigüedad, en las culturas griegas y romanas había un principio de veracidad: “hay que decir la verdad sobre uno mismo”, no dejar nada sin decir, no esconder nada, decirlo todo. Esto, según el autor citado se relaciona con el “Conócete a ti mismo” a su vez relacionado con el cuidado de uno mismo. Para esto, el autor recuerda a Galeno, para quien era preciso buscar a un “otro” ante quien poder decir la verdad sobre uno mismo y así conocerse. Este otro elegido puede ser, por un lado alguien querido, cercano, o por otro lado una persona anciana o un profesor, en síntesis, podríamos decir, un educador o una persona que podamos sentir que nos aprecia.

Cierto es que Foucault está hablando de la parrhesía, que implica un gran coraje porque, en última instancia, puede incluso llevar al rompimiento de las relaciones entre el que habla la verdad y el que la escucha, por ser esta verdad quizás muy terrible o dolorosa. Sin embargo, nos sirve para tomar de punto de partida y seleccionar algunas pistas que nos pueden ayudar a poder guiar a nuestros pequeños por el sendero de la veracidad. En primer lugar vemos que ya desde la antigüedad la verdad es, principalmente, conocerse a sí mismo en profundidad, que implica cuidar de uno mismo. Poniéndolos en otras palabras, el que es veraz es también fiel a sí mismo, se cuida, se toma en consideración, y cuando comparte esta verdad con otros se vuelve valiente. En un segundo lugar es interesante considerar a quién acude este valeroso interlocutor para plantear estas verdades: a alguien a quien admira, como un anciano o profesor, o a alguien que siente que le ama.

Una primera aproximación a enseñarles a nuestros hijos a decirnos la verdad, y más importante, a decirla siempre, puede ser entonces infundirles confianza. Ellos deben saber que serán amados sin importar lo que hayan hecho, sin importar lo que hayan dicho. Es importante que sientan que son amados incondicionalmente. Esto no significa que no deban saber que las acciones tienen consecuencias, que no obedecer puede llevar asociada alguna privación, pero aún así deben sentirse amados. Lo que sus padres hacen, todo lo que hacen, es por su bien y para su bien. Si se sientes seguros y amados como son es más factible que no duden en mostrarse como son. Cuando encontramos que nos han mentido es bueno ser sinceros con ellos, preguntarles el motivo de la mentira -que nunca dejará de tener uno- y hablar del tema con tranquilidad y paciencia.

 

Fuentes consultadas:

. Michel Foucault, El coraje de la verdad (Curso en el Collège de France, 1983-84), de reciente aparición (Ed. Fondo de Cultura Económica). Extractado por Página 12: https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-159531-2010-12-30.html

. https://www.contra-mundum.org/castellano/sommers/Teach_Virt.pdf

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